Tecnología para productos y servicios culturales

Partiendo de la premisa de que el arte despierta en el hombre emoción, voy a utilizar la tecnología como medio potenciador del mismo centrándome,  no tanto a la cantidad de información que ésta puede aportar,  sino en la forma de hacerlo.

El hombre actual es un ser tremendamente tecnológico pues, se me ocurren pocos casos en los que no haga uso de esta herramienta. Es por ello que la adaptación a ella es elemental para la supervivencia de las empresas, sea cual sea su motivo de ser o el uso que desee dársele: para el desarrollo de su actividad, su difusión…

¿Por qué es interesante aplicarse en los servicios culturales?

Hoy en día, quien no se encuentra inmerso en el poderoso mundo de la tecnología, parece no ser nadie. Y me atrevo a hacer esta afirmación porque, mantenerse al margen de él, nos torna en cierto modo invisible. Invisibles a los ojos que, constantemente, están enfocados en una pantalla.

Según las investigaciones de la neurociencia, dos tercios de los estímulos llegan al cerebro a través del sistema visual. Por tanto, algo tan básico como el diseño de una página web, puede suponer un gran beneficio a la hora de captar la atención de nuestros clientes, objetivos o potenciales. Las web escaparate ya no son un recurso atractivo para la gente, cada vez más exigente, formada y moderna.

Aunque la aplicación de la tecnología no tiene un uso exclusivo para de puertas para afuera, también es una herramienta que permite conseguir una mayor rentabilidad, llevar a cabo estudios de una manera más rápida y efectiva o acceder a un mayor número de personas.

Con el fin de mejorar la experiencia de dichos servicios culturales, muchos museos están incorporando aplicaciones junto a la realidad aumentada, tecnología 3D, reconocimiento facial para juegos y experimentos con los visitantes o GPS y tecnología “eyetracking” a través de gafas especiales, con las cuales dar información detallada de aquello a lo que dirigen su mirada.

Además de la tecnología disponible y aplicada en el mismo museo, debemos tener en cuenta la influencia que tienen las redes sociales pues, hacer un buen uso de ellas puede marcar la diferencia. Ya no sólo por la calidad de las fotos o vídeos que puedan compartirse y difundirse sino por la sensación de integración que puede ofrecerse al usuario de las mismas. Por ejemplo, abriendo debates o mostrando un interés bidireccional hacia el mismo a través de debates, concursos, etc.

La incorporación de la tecnología a los productos y servicios culturales podría considerarse como valor añadido de los mismos ya que, gracias a sus características, se conseguirá hacerlos más atractivos, interactivos, sociales e interesantes que si nos limitáramos a disfrutarlos a través de los medios convencionales en los que, los sentidos, se ven afectados en menor medida.

Como conclusión, la tecnología consigue no sólo mejorar las características haciéndolas más atractivas o prácticas sino también ampliar el público dadas las facilidades de acceso y difusión que la caracterizan.

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